El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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martes, 31 de diciembre de 2013

Feliz Año 2014

Epicuro de Samos (341- 270 a C)


"La salud del cuerpo o la tranquilidad del alma, ése es el objetivo de una vida feliz" [Carta a Meneceo]

Quinto Horacio Flaco (65 - 8 a C)


"Vendrás a visitarme cuando tengas ganas de reírte; a mí que estoy gordo y tengo bien cuidado el pellejo, como puerco que soy de la piara de Epicuro" [Epístolas I, 4]

lunes, 23 de diciembre de 2013

La Gran Belleza

Roma de madrugada


Roma por la noche


 Las reuniones con los amigos


El interior de los palacios


Los actos solemnes


La muerte


y los recuerdos






domingo, 22 de diciembre de 2013

El joven Castorp

   Su nombre lo conocíamos incluso antes de acercarnos a estas páginas. Es Hans Castorp, un muchacho de 23 años que habla y piensa como si tuviera 40. Ha subido a un sanatorio suizo en los Alpes con la intención de visitar a su primo enfermo de tuberculosis. Ciertamente, se trata de una inconsciencia, porque está cantado que él también va a contraerla; pero estamos en un año indeterminado antes de la Gran Guerra y estas cosas no se saben. Aún se cree que el único remedio contra la romántica y mortífera enfermedad (además de extremadamente contagiosa) es el aire puro y el frío. Castorp va a quedarse sólo tres semanas, o eso cree. Tiene una imagen romántica de la enfermedad, cree que ennoblece y otorga sabiduría. El locuaz Settembrini le viene a decir que la enfermedad sólo hace que te mueras, de sabiduría nada de nada. Y en efecto, a poco que observa lo que le rodea, Castorp comprenderá que en ese apartadero de los condenados hay ganas de vivir (seguramente, más que en ningún otro sitio) y una angustia que puede rozar la histeria. También comprueba algo curioso: el sanatorio parece fuera del tiempo. Allí las cosas se viven de otra manera. Sea por ejemplo esta mujer rusa, Madame Chauchard, casada pero soltera en la práctica, que reparte el año en distintos sanatorios, y aunque joven lleva una vida al margen de la sociedad. Es como si su vida se hubiera detenido. Está casada, está enferma. Si al menos no diera un portazo cada vez que entra en el comedor... Sus costumbres no tienen nada que ver con las del joven Hans. ¿Por qué le molesta tanto? Una aprendiza de celestina y psicoanalista espontánea le abrirá los ojos o se los dirigirá en la dirección correcta: el joven Castorp se queja tanto de ella porque en realidad está enamorado. El pasaje más gracioso de este amor naciente es aquel en que, después de jugar a mirarla una y otra vez, y tras comprobar que ella se ha dado cuenta de su vigilancia, Castorp soporta dos días en que ella lo ignora, incluso renuncia a dar un portazo al entrar en el comedor. Entonces comprende que es por su causa, que "aquel cambio de la dama estaba relacionado con él" y que "la existencia de una relación entre ellos, aunque fuese bajo una forma negativa, era innegable y, por lo tanto, suficiente".

Thomas Mann: La montaña mágica. Barcelona: Edhasa pocket, 2008, pág. 206.

Internationale Philosophie


Es un sketch de "Monty Python's Fliegender Zirkus" emitido en 1971 en la televisión alemana. Más tarde lo incluirían en "El sentido de la vida", largometraje de 1983.

sábado, 14 de diciembre de 2013

René Descartes (1596-1650)


   En su tratado Del método, explica al mundo cómo pasó su juventud y cómo se hizo tan erudito. Los jesuitas se regocijan de haber sido quienes lo educaron. Vivió varios años en Egmont (cerca de La Haya), de donde datan varios de sus libros. Era un hombre demasiado prudente como para llevar la carga de una mujer, pero era un hombre y tenía los deseos y apetitos de un hombre y por eso mantuvo a una mujer buenamoza y saludable que le gustaba y con quien tuvo hijos (creo que dos o tres). Es una pena, pero proveniendo del cerebro de tal padre deberían ser por lo menos bien educados. Era tan eminentemente erudito que todos los hombres ilustrados fueron a visitarlo y muchos le pidieron que les mostrara su colección de instrumentos (en aquellos días el saber matemático tenía mucho que ver con el uso de tales instrumentos y, como lo dice Sir Henry Saville, en hacer trucos). Solía sacar de un cajoncito bajo su escritorio un par de compases con una de las patas quebradas para mostrarlas; y como regla  usaba una hoja de papel doblado. Esto, según Alexander Cooper (hermano de Samuel), el dibujante de Christina, Reina de Suecia, quien también era cercana a Descartes.
   Hobbes solía decir que si Descartes se hubiese dedicado sólo a la geometría, hubiese sido el mejor geómetra del mundo. Hobbes lo admiró mucho pero no podía perdonarle por haber escrito en defensa de la transustanciación, lo cual sabía que estaba en contra de su razón.

John Aubrey (1626-1697): Vidas breves. Santiago de Chile: Eds. Universidad Diego Portales, 2010. Selección y traducción de Natalia Babarovic y Miriam Heard, págs. 76-77.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Platón: El Símil del Sol


   Una de las características de las Ideas platónicas es que son conceptos universales y esencias, es decir, el conjunto de rasgos comunes a múltiples individuos que se comprenden bajo una misma definición. Cuando se ve obligado a ensayar una definición del Bien como Idea suprema a la que aspira el conocimiento, Platón recurre a una alegoría conocida como "Símil del Sol" (República, VI, 508e-509b). Esta comparación entre el poder del Sol y la Idea de Bien es la continuación necesaria de la conclusión última del "Mito de la Caverna", cuando advierte que la Idea de Bien es "la causa de todas las cosas rectas y bellas (...) y que es necesario tenerla a la vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público" (517c). Es decir, el Bien es la única referencia para poder decidir qué es justo en la moral y en la política, luego para Platón el fin último de la Filosofía es de orden práctico, y el objetivo final de la Filosofía es el conocimiento del Bien.
   En el Símil del Sol, sin embargo, se ve obligado a reconocer que no es posible la definición del Bien, pero no por falta de claridad, sino porque la naturaleza misma del Bien está más allá de toda definición. Descarta tajantemente la tesis hedonista según la cual el Bien es igual a placer, pero también se aparta (aun respetándola) de la socrática equiparación del Bien con el conocimiento. El Bien no es igual a conocimiento de lo que es bueno, porque lo que es bueno es tal a la luz del Bien. Aquí es conveniente recordar los términos de la comparación: al igual que el Sol es causa de la luz que permite a la vista ver las cosas visibles y al propio Sol, la Idea de Bien es la causa de la verdad que "ilumina" a las Ideas y a la inteligencia (noûs) del alma para que ésta conozca a las Ideas y al propio Bien. Puesto que el Bien es causa del conocimiento, no puede ser él mismo conocido mediante una simple definición, sino que es algo más elevado en cuanto a naturaleza y dignidad. Por ejemplo, igual que el Sol es causa de la génesis, el crecimiento y la nutrición o desarrollo de los seres sensibles, así la Idea de Bien es también causa del ser y la existencia de las Ideas, luego es algo más que conocimiento: es el impulso para el conocimiento y la justificación del conocimiento, y es la causa o el principio supremo al que aluden todas las Ideas, porque provienen de ella y a ella tienden. Lo que viene a expresar con sus comparaciones (habla del Sol como "vástago" del Bien o término análogo) es que no sólo el conocimiento filosófico carecería de sentido y dirección sin la Idea última a la que tiende, ese Bien que suele situarse en la cúspide de la pirámide de las Ideas; sino que la Realidad ordenada, el Cosmos que se expresa en la trama de las Ideas, carecería de sentido final sin captar su entrelazo (symploké) con la Idea de Bien. La Idea de Bien simboliza entre otras cosas el orden y la armonía del mundo que se reconoce mediante el saber científico, y en el plano práctico explica la sed, el anhelo o la tendencia natural del ser humano al bien, sin el cual no puede llevarse una vida individual digna en el plano moral, ni organizarse la sociedad en una comunidad política gobernada con justicia.

sábado, 2 de noviembre de 2013

¿Dónde está la esencia?

Ahora mi yo presente desprecia a mi yo pasado; y sin embargo en ese tiempo yo creía, más que hoy todavía, ser el hombre superior, el ser alto y noble, el sabio universal, el genio expectante. Y recuerdo que entonces despreciaba a mi yo pasado, mi pequeño yo de niño ignorante y sin refinamiento todavía. Ahora desprecio a aquel que despreciaba. Y todos estos menospreciadores y menospreciados han tenido el mismo nombre, han habitado el mismo cuerpo, se presentaron ante los hombres como un solo ser vivo. Después de mi yo presente, se formará otro que juzgará a mi alma de hoy tal como yo juzgo hoy a la de ayer.


G. Papini: "Dos imágenes en un estanque", en El espejo que huye. Madrid: Siruela, 1984, pág. 22.

Giovanni Papini (1881-1956)

miércoles, 9 de octubre de 2013

Contexto histórico-cultural y filosófico de Platón




Contexto histórico-cultural.
   El contexto histórico-cultural de Platón (427-347 a. C.) está marcado por una serie de sucesos decisivos en los siglos V y IV a. C., y por una ciudad, la polis de Atenas. Recordemos algunos de estos sucesos:
   Las guerras médicas a principios del siglo V a. C. enfrentaron a los griegos contra el invasor persa, y explican en parte el auge posterior del demos en la política, el mismo pueblo que ha contribuido como integrante del ejército a preservar la independencia de la confederación griega.
   La implantación de la democracia en la polis ateniense es posible gracias a las antiguas reformas de Solón y a las nuevas de Pericles (495-429 a. C.), siendo este último su principal inspirador, al frente del ejército y del gobierno de Atenas desde el año 461 y hasta su muerte, cargos para los que fue reelegido anualmente por el pueblo. Los rasgos principales de esta democracia de tipo directo es que todos los ciudadanos (unos 60.000, ya que serán tales únicamente los varones, libres, con tres generaciones de atenienses en su familia y mayores de veinte años) pueden participar directamente en la toma de decisiones en el ágora, derecho que se conoce como isegoría, y que ha de relacionarse con la isonomía o igualdad ante la ley.
   Este es el momento del esplendor ateniense en todos los aspectos culturales: la arquitectura de la Acrópolis (construida entre el 447 y el 438), la escultura de Fidias, el auge de la tragedia con Esquilo, Sófocles y Eurípides, así como las comedias de Aristófanes. La Historia, que tuvo un brillante comienzo con la obra de Herodoto, encuentra continuación como disciplina en la magnífica obra de Tucídides que narra la Guerra del Peloponeso, conjunto de batallas y asedios en la que se enfrentan las polis de Atenas y Esparta por la hegemonía en la Hélade, y que marca la segunda parte del siglo (del 431 al 404 a. C.), así como la posterior decadencia ateniense.
   El gobierno de los treinta tiranos impuesto por Esparta tras su victoria en la guerra, y ya en vida de Platón, se caracteriza por encarnar la corrupción política contra la que el filósofo esgrimirá las armas de la filosofía. La restauración de la democracia en el 399 a. C., seguida de inmediato por la condena a muerte de Sócrates es un suceso que impacta a su mejor alumno, ya que le hace desconfiar del gobierno del pueblo y proponer la figura del sabio o del filósofo como única fuente segura del gobierno justo. De hecho, los viajes de Platón a Siracusa en la Magna Grecia (hasta tres veces, en el 387, el 367 y el 361 a. C.) pretendían únicamente influir para que su ideal de gobierno filosófico pudiera llevarse a la realidad, y aun siendo infructuosos delatan aún más ese empeño teniendo en cuenta los peligros y humillaciones que le ocasionaron. Por otro lado, la fundación de la Academia después de su primer viaje a Siracusa, a la que dedica gran parte de sus esfuerzos, demuestra el interés por la educación y la difusión de sus ideas como vía de influencia moral y política.

Contexto filosófico.
    En la obra de Platón y en su época influyen de un modo decisivo el pensamiento de Heráclito (544-484 a. C.), de quien toma la idea de un mundo sensible en perpetuo cambio como el fuego, así como la de un lógos oculto en la razón humana y en la misma naturaleza. De Parménides (540-470 a. C.) toma la distinción de dos vías para el pensamiento, una para la verdad y otra de simple opinión, que se corresponden con la distinción platónica entre Mundo Inteligible y Mundo Sensible. De Pitágoras (570-496 a. C.) y los pitagóricos contemporáneos toma elementos del culto órfico y su idea del alma, así como la importancia de las matemáticas para el conocimiento. A los muy criticados sofistas, relativistas y escépticos, los tendrá por maestros de persuasión, pero no de auténtico saber, tal y como pudo aprender de su maestro Sócrates y sus frecuentes discusiones con ellos. Con Sócrates son tantas las conexiones que necesariamente hay que ser breve: el método dialéctico enfocado a la búsqueda de ideas universales alcanzará la madurez precisamente en los diálogos platónicos, y la ética platónica es una radicalización de los principios socráticos.
   Toda la obra conocida de Platón está compuesta por “Diálogos”, es decir, ensayos basados en el diálogo entre contertulios en que uno de ellos, normalmente representado por la voz de Sócrates, enuncia las ideas del propio Platón. La estructura del diálogo indica la influencia de su maestro Sócrates, y la importancia concedida a la dialéctica: proceso de investigación y descubrimiento basado en la confrontación de ideas, incluso en este sentido da nombre a la ciencia primera y fundamental que se basa en la facultad intelectiva.
   Se han perdido las obras para uso interno de la Academia, aunque se sabe que sus conferencias y apuntes fueron abundantes. Se conserva afortunadamente su obra exotérica destinada al público general. Estos diálogos se pueden clasificar como sigue:
Diálogos socráticos o de juventud (399-389 a. C.) En estos diálogos se reproduce con bastante fidelidad la enseñanza de Sócrates. El tema suele ser la virtud. Sócrates emplea su método para intentar llegar a una definición particular de alguna excelencia y en línea con su realidad histórica, no suele lograrlo. La Apología de Sócrates, que no es un diálogo, recoge el discurso de defensa de Sócrates ante el tribunal que lo condenará a muerte. En el Critón, Sócrates expone los deberes cívicos y por qué se niega a escapar. Laques es un diálogo sobre el valor, Lisis sobre la amistad, Eutifrón sobre la piedad, Cármides sobre la templanza; en el Ión se describe la poesía como don divino, y en el Protágoras se plantea la posibilidad de la enseñanza de la virtud. Curiosamente, los interlocutores, el propio Protágoras y Sócrates, intercambian posiciones al final de este diálogo.
Diálogos de transición (388-385 a. C.) En ellos se percibe cómo Platón empieza a perfilar sus propias doctrinas. Sócrates sigue siendo el personaje principal, pero ahora como portavoz de ideas platónicas. Predominan los problemas políticos. Se reconoce la influencia del pitagorismo y el orfismo, y encontramos una primera formulación de la base de su filosofía. El Gorgias trata sobre la retórica y la justicia. Menón vuelve al tema de la virtud, y expone el conocimiento como reminiscencia; en el Crátilo se trata el problema de la significación de la palabras y aparece por primera vez la teoría de las ideas. Hipias Mayor es un diálogo sobre la belleza, mientras que Hipias Menor aborda la mentira y la verdad.
Diálogos de madurez (385-370 a. C.) Es el momento en que redacta Platón sus diálogos fundamentales. La teoría de las ideas es el trasfondo permanente de todos ellos. Sócrates aparece ahora confiado, seguro de poseer la verdad. En el Banquete se trata el tema del amor como amor al saber (filo-sofía). El Fedón transcurre en la cárcel. Sócrates aguarda con serenidad la muerte y dialoga sobre la inmortalidad del alma. La República recoge todos los temas del autor, y nos referimos a él más adelante. En el Fedro se vuelve a tratar del amor, la belleza y el alma, y es uno de sus diálogos más ricos y profundos.
Diálogos críticos (369-362 a. C.) Como indica el título dado, estos diálogos plantean una crítica seca y muy intelectualizada de diversos problemas; signo de ello es que desaparecen los atractivos mitos de los diálogos anteriores, salvo uno incluido en el Sofista, de tema ontológico. El Parménides es una autocrítica de la teoría de las ideas puesta en boca de un anciano Parménides ante el que Sócrates se bate en retirada. El Teeteto es una búsqueda infructuosa del conocimiento. En el Político, Platón empieza a dudar de la identificación entre el filósofo y el político.
Últimos diálogos (361-347 a. C.) Platón abandona los temas metafísicos y se interesa por la cosmología y la historia. Se mantiene una evidente influencia del pitagorismo, y en política mantiene opiniones más duras y reaccionarias. El Filebo discute el problema del placer y el bien; en el Timeo se recoge una cosmología donde se describe la formación del cosmos, en el Critias hallamos una descripción de la Atenas primitiva y del mito de la Atlántida, tal vez inventado por el propio Platón. Por fin, Las Leyes es un gran diálogo sobre la constitución de la ciudad ideal, que asusta por la rigidez e intolerancia de sus leyes.
   El texto que comentamos pertenece a uno de los diálogos más importantes, la República, redactada en el periodo de madurez de Platón. El término del título traduce el griego Politeia, es decir, “saber referido a la ciudad”. Encontramos a Sócrates conversando en El Pireo, puerto de Atenas, con Glaucón y Adimanto (hermanos de Platón) y otros personajes, ya sean seguidores de Sócrates o sofistas. El objetivo último del diálogo, una vez que se desarrollan los temas fundamentales de la justicia y el bien, es hacernos comprender cómo ha de ordenarse una sociedad ideal. La República consta de diez libros. El primero trata sobre la justicia, en los libros II-IV se discute el mito del “anillo de Giges” que hace invisible a su portador de manera que dispone de impunidad para violar la ley, por otro lado se exponen las teorías platónicas sobre la armonía del alma y la justicia; en el libro V se trata la igualdad de hombres y mujeres, se propone la comunidad de bienes y de familia para las clases superiores de la ciudad y termina presentando al filósofo como verdadero gobernante. El libro VI distingue al falso filósofo del verdadero, que tiene por objetivo el estudio del Bien en sí. El libro VII expone el famosísimo Mito de la Caverna al que pertenece el texto, y está dedicado a la educación del filósofo gobernante. Los libros VIII y IX muestran diversas formas de gobierno de la ciudad (aristocracia, timocracia, oligarquía, democracia y tiranía), sus ventajas e inconvenientes. En el último libro, el X, se narra el Mito de Er, donde se recoge lo que espera al alma después de la muerte.
   El Mito de la Caverna no sólo es un relato fascinante de gran belleza literaria y uno de los pasajes más célebres y ricos de su autor, es la síntesis de su pensamiento, y por ello una referencia imprescindible en nuestro campo, pues Platón es el que inicia buena parte de los temas por los que va a transitar la Historia de la Filosofía.


lunes, 30 de septiembre de 2013

La paradoja de Zenón

 

   La famosa paradoja de Zenón de Elea (ca. 490-430 a. C.) sobre la carrera entre Aquiles y la tortuga es  todo un clásico dentro de la problemática filosófico-matemática del infinito. Fue enunciada con la intención de demostrar que la información que recibimos por los sentidos es errónea, ya que si bien creemos que el movimiento es real porque lo vemos, un análisis racional demostraría, mediante reducción al absurdo, que no lo es.
   Sean de hecho dos corredores en una pista: Aquiles y una tortuga. Aquiles, el héroe griego, deja una ligera ventaja a la tortuga, y ambos salen hacia la meta al mismo tiempo. Pues bien, nunca alcanzará Aquiles a la tortuga, afirma Zenón, pues aunque vaya acercándose cada vez más a ella, la tortuga nunca deja por su parte de avanzar, y aunque a un paso más lento, siempre mantendrá una cierta distancia con respecto al heroico corredor. Para alcanzarla, Aquiles tendría que llegar antes a un punto intermedio entre él y la tortuga, y antes aún a uno intermedio entre ese punto y el que ocupa, en fin, la sucesión de puntos es infinita, y Aquiles se pierde recorriendo una infinitud de puntos que no le llevan a ningún sitio. Esta paradoja incluye otra conocida como “del estadio”, según la cual no se puede recorrer ningún tramo del estadio, ni el estadio completo, porque para llegar a cualquier sitio partiendo de otro hay que recorrer previamente una infinitud de lugares intermedios. O la paradoja, también de Zenón, de la flecha, que nunca llegará a su objetivo en la diana por el mismo motivo: la imposibilidad lógica de recorrer todos los infinitos puntos intermedios entre el punto de salida y la diana en un tiempo finito.

   Augusto Monterroso en su cuento “Aquiles y la Tortuga” ha dado una graciosa versión de la paradoja:
Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta. En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones. En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.
   Ya más en serio, tenemos aquí implícito el problema de los números irracionales, descubiertos por la escuela de pensadores conocida como “Pitágoras” (a Pitágoras de Samos, que vivió realmente en el siglo VI a. C., se le atribuyen en realidad descubrimientos de todos los “pitagóricos” posteriores), cuando tuvieron que representar la hipotenusa de un triángulo rectángulo con dos catetos que medían 1, ya que la raíz cuadrada de 2 da lugar a un número de infinitos decimales. En el caso de la paradoja de Aquiles y la tortuga, el problema obliga a establecer una relación entre Espacio (E) y Tiempo (T), así como la posibilidad de  determinar sus medidas con números, donde caben dos posibilidades: a) si se postula que ambos, T y E, son infinitamente divisibles, Zenón parece que tendría razón al suponer que nos perdemos en un continuo sin salida. b) si se acepta que el T disponible es finito (compuesto de momentos finitos) sería imposible recorrer puntos infinitos en el espacio, porque "no nos daría tiempo", y de nuevo gana Zenón.
   Bertrand Russell se enfrenta al problema con las armas de la matemática contemporánea, recoge la aporía y admite el mismo carácter matemático para E y T, defendiendo que el de Elea no lleva razón precisamente porque E y T son infinitos. La explicación ha de remitirse a la matemática y al mismo tiempo al sentido común, pues un número infinito de instantes no supone en la práctica un tiempo infinitamente dilatado y, como sabemos por experiencia, en un tiempo infinitamente divisible se recorren espacios infinitamente divisibles. Reconoce Russell una dificultad, la del infinito, que impide distinguir tamaños entre colecciones infinitas. La unión de los números pares (infinitos) con la de los impares (infinitos) no es mayor que cada colección de ellos por separado. Se trata de una “rareza” (elude Russell llamarla “paradoja”) que arrastra el concepto de infinito, pues en teoría obliga a aceptar que hay un todo con partes que a su vez poseen el mismo número de  componentes que el todo del que forman parte. Para ilustrarla, relata la Paradoja de Tristram Shandy, que ya conocemos.
   En el caso de la paradoja de Aquiles y la tortuga advirtamos simplemente que si se representan las colecciones infinitas de puntos en el espacio como líneas, tan infinita (en cuanto a sus componentes) es la que va de Aquiles a la Tortuga como la que lo liga imaginariamente al sol. Ahora bien, Aquiles recorrerá antes la primera que la segunda, lo que no impide que en ambos casos haya recorrido un número infinito de puntos que corresponden a segmentos expresables con un número finito que indica su largo en forma de número, y éste sí es mayor o menor. Zenón postula que una totalidad concreta compuesta de un número infinito de partes ha de ser infinita; pero lo cierto es que esas totalidades se expresan en un número que hace referencia a su vez a una medida. La fuente de la confusión viene del intento imaginario por “recorrer” uno a uno los momentos o los puntos de totalidades que no pueden de hecho reducirse a una sucesión concreta de números, si bien se podría suponer y expresar con el número Aleph, el cual indica la  cardinalidad del conjunto de números enteros, y no puede modificarse, no crece ni disminuye al sumarle otros números ni al multiplicarlo por otros números; sin embargo, el matemático Cantor supuso y probó que hay números mayores que Aleph, los llamó transfinitos. He aquí de nuevo el supuesto de los grados de magnitud para campos infinitos. Así se explicaría matemáticamente, y en gran parte se “desencanta”, el mito.


martes, 17 de septiembre de 2013

Qué es la filosofía

La filosofía, según entenderé la palabra, es algo intermedio entre la teología y la ciencia. Como la teología, consiste en especulaciones sobre temas de los cuales, hasta aquí, ha sido inalcanzable un conocimiento definido; pero como la ciencia, apela a la razón humana más que a la autoridad, ya sea la de la tradición o la de la revelación. Todo conocimiento definido -así lo afirmaría yo- pertenece a la ciencia; todo dogma acerca de lo que sobrepasa el conocimiento definido pertenece a la teología. Pero entre la teología y la ciencia hay una tierra de nadie, expuesta al ataque por ambos lados; esta tierra de nadie es la filosofía. Casi todas las cuestiones de mayor interés para los espíritus especulativos son tales que la ciencia no puede responder, y las confiadas respuestas de los teólogos ya no parecen tan convincentes como en siglos anteriores. ¿Está dividido el mundo en mente y en materia, y, si es así, qué es la mente y qué es la materia? ¿Se halla la mente sujeta a la materia, o está dotada de facultades independientes? ¿Tiene el universo alguna unidad o propósito? ¿Hay realmente leyes de la naturaleza, o creemos en ellas solo por nuestro innato amor al orden? ¿Es el hombre lo que le parece al astrónomo, una minúscula masa de carbono impuso y de agua, que se arrastra impotente en un pequeño e insignificante planeta? ¿O es lo que se le antoja a Hamlet? ¿Es quizá ambas cosas a la vez? ¿Hay una norma de vida que es noble y otra que es baja, o todas las líneas de conducta son meramente fútiles? Si hay un modo de vida que es noble, ¿en qué consiste y como lo conseguiremos? ¿Debe el bien ser eterno para que merezca ser valorado, o es digno de que se lo busque incluso si el universo se mueve inexorablemente hacia la muerte? ¿Existe algo como la sabiduría, o lo que parece tal es simplemente el refinamiento último de la locura? A semejantes preguntas no puede encontrarse ninguna contestación en el laboratorio. Las teologías han declarado darles respuesta, todas demasiado precisas; más su misma precisión es la causa de que las mentes modernas las miren con suspicacia. El estudiar estas cuestiones, si no el contestarlas, es la tarea de la filosofía.


Bertrand Russell: Historia de la Filosofía. Madrid: Aguilar, 1973, pág. 17.

 
Bertrand Russell (1872-1970)

sábado, 31 de agosto de 2013

Teju Cole: Estupidiario norteamericano



AFRICA. Un país pobre pero feliz. Emergente.

ATEÍSMO. Culto desquiciado de fanáticos violentos.

HIJOS. Justificación de la política. Decir siempre "nuestros hijos". Los que no tienen hijos no tienen interés por mejorar la sociedad.

CRISTIANISMO. Paz en la tierra.

HUEVOS. Decir "No puedes hacer tortillas sin romper huevos" cuando sale el tema de la guerra.

EVOLUCIÓN. Sólo una teoría.

FEMINISMO. Algo maravilloso, en teoría.

PESCADO. Un vegetal.

ILÍADA. Aclarar que se prefiere la Odisea.

INTERNET. Una pérdida de tiempo. Tener una larga conversación online con cualquiera que no esté de acuerdo.

ISLAM. Religión de paz.

NIETZSCHE. Decir “Nietzsche dice que Dios ha muerto”, pero si alguien se adelanta decir "Dios dice que Nietzsche ha muerto".

ODISEA. Aclarar que se prefiere la Ilíada.

PROUST. Nadie lo lee en la actualidad. Tú lo relees, preferentemente en las vacaciones de verano.

RACISMO. Término obsoleto. Significado desconocido.

INTELIGENTE. Cualquier ensayo que confirma tus prejuicios.

TELEVISIÓN. Ha mejorado mucho. Mejor que las novelas. Si alguien menciona "The Wire", decir "Los Soprano", o viceversa.

VALORES. “Hemos de hacer lo que sea preciso para preservar nuestros valores". Dijo antes de destruirlos.

VIRGINIDAD. Una obsesión en Irán y en la industria del aceite de oliva. Puede perderse, como una cartera.

ŽIŽEK. Comentar que tiene cualidades, pero...

* * * * *

Inspirándose en la compilación de lugares comunes, tópicos o "ideas recibidas" ("idées reçues") de Flaubert, el escritor nigeriano-americano Teju Cole ha compuesto y publicado, primero en Twitter, y luego en The New Yorker su propio diccionario de ideas que impiden el pensamiento o que evitan tener que pensar, a las que por ello mismo llama In Place of Thought. Esta selección recoge sólo algunos de esos tópicos del no-pensamiento norteamericano, especialmente relacionados con la moral y la filosofía.

@tejucole

viernes, 16 de agosto de 2013

La banalidad del mal

Un joven estudiante de mi Instituto Latinoamericano de la Universidad Libre de Berlín se acercó para hablarme de sí mismo, esperando de mí una palabra. Desde siempre, me dijo, él nunca había tenido una relación afectuosa con sus padres. Sólo su abuelo había llegado a convertirse para él en un paradigma afectivo: con él jugó en el campo, él estuvo a su lado en los momentos de incertidumbre de la niñez y la adolescencia, sólo él le contaba una historia antes de dormirse. Unos días antes, su abuelo había muerto y él lo había acompañado -solo- al cementerio. Al volver a casa comenzó a ordenar las cosas y papeles del abuelo. Entre ellos encontró el diario y leyó con horror que su abuelo había sido miembro de las SS, que había participado en el asesinato de niños judíos y, lo que era ciertamente peor, que había muerto con la convicción de haber actuado bien.

Víctor Farías: "Prólogo" a Heidegger y el nazismo. Barcelona: Muchnik, 1989

La película de Costa Gavras plantea una trama parecida

lunes, 12 de agosto de 2013

La respuesta

   Dwar Ev soldó ceremoniosamente la última conexión con oro. Los ojos de una docena de cámaras de televisión le contemplaban y el subéter transmitió al universo una docena de imágenes sobre Io que estaba haciendo.
   Se enderezó e hizo una seña a Dwar Reyn, acercándose después a un interruptor que completaría el contacto cuando lo accionara. El interruptor conectaría, inmediatamente, todo aquel monstruo de máquinas computadoras con todos los planetas habitados del universo -noventa y seis mil millones de planetas- en el supercircuito que los conectaría a todos con una supercalculadora, una máquina cibernética que combinaría todos los conocimientos de todas las galaxias.
    Dwar Reyn habló brevemente a los miles de millones de espectadores y oyentes. Después, tras un momento de silencio, dijo:
   - Ahora, Dwar Ev.
   Dwar Ev accionó el interruptor. Se produjo un impresionante zumbido, la onda de energía procedente de noventa y seis mil millones de planetas. Las luces se encendieron y apagaron a lo largo de los muchos kilómetros de longitud de los paneles.
   Dwar Ev retrocedió un paso y lanzó un profundo suspiro.
   - El honor de formular la primera pregunta te corresponde a ti, Dwar Reyn.
   - Gracias -repuso Dwar Reyn-. Será una pregunta que ninguna máquina cibernética ha podido contestar por sí sola.
   Se volvió de cara a la máquina.
   - ¿Existe Dios?
   La impresionante voz contestó sin vacilar, sin el chasquido de un solo relé.
   - Sí, ahora existe un Dios.
   Un súbito temor se reflejó en la cara de Dwar Ev. Dio un salto para agarrar el interruptor.
   Un rayo procedente del cielo despejado le abatió y produjo un cortocircuito que inutilizó el interruptor.

Fredric Brown:  "La respuesta" (1954) en  El ratón estelar y otros relatos. Barcelona: Bruguera,1978, págs. 143-144.



Fredric Brown (1906-1972)

viernes, 9 de agosto de 2013

Hannah Arendt

 
   Al ver Hannah Arendt, la película de Margarethe von Trotta, uno comprende por qué su valor e importancia crecen en razón proporcional a como decrece (al menos, para quien esto escribe) el de su amante, Martin Heidegger. Es una pena que la competente directora no haya explotado más el filón que sólo apunta en unas breves escenas, sobre todo porque el actor que encarna al filósofo parece su doble. Verlo dando una clase con una jovencísima Arendt embelesada en su asiento de madera es uno de los momentos álgidos de la película. Pero en el aspecto personal, Heidegger se ha revelado en su correspondencia amorosa y en sus actos con una mezcla de inteligencia, mentiras y manipulación. Sin embargo, permanecieron fieles ("e infieles", aclara Hannah Arendt) a su historia durante toda su vida, como si no hubiera otro remedio. Se ha escrito mucho sobre ellos, podrían encarnar eso que conocemos gracias a Stendhal y a Erich Fromm como amor-pasión o amor pasional.
   La película se centra en el episodio de la captura y posterior juicio a Eichmann en Israel, a inicios de los sesenta, y así conoceremos también al tercer marido de Arendt (el verdadero amor de su vida), Heinrich Blücher, a su amiga americana, la novelista Mary McCarthy y al círculo de judíos alemanes exiliados en América. Siguiendo los pasos de Arendt cuando va a Jerusalén a fin de cubrir para The New Yorker el proceso a Eichmann tenemos la oportunidad de ver, perfectamente integrados en el filme, escenas documentales del verdadero juicio. Es lo más impactante de toda la película. El resto del metraje se dedica a explorar la tormenta intelectual que supuso la difusión en sus artículos de unas reflexiones en aquel entonces consideradas reaccionarias, y hoy motivo de debate en toda discusión sobre el nazismo y el holocausto: la primera idea es que el mal no es radical en el ser humano, a diferencia de lo que defendió Kant, sino que ha de relacionarse con la libertad, así, cuando la influencia del ambiente es muy grande, como en el caso de criminales como Eichmann, la justificación de que uno simplemente obedece órdenes sólo puede ser fruto de la debilidad (es decir, "banalidad") del pensamiento, de la incapacidad para actuar libremente y con arreglo a un criterio propio. La segunda idea polémica era que los círculos judíos con capacidad para organizar una oposición al exterminio carecieron de valentía y aunque no se los pueda considerar cómplices de los crímenes sí fueron también responsables en parte de la masacre. El concepto de "banalidad del mal" no se comprendió en su momento, ya que parecía una justificación de los matarifes, una exculpación por supuesta enajenación mental o cumplimiento ciego del deber; pero fue sobre todo la segunda tesis la que despertó el desprecio de los judíos de Israel y de los exiliados, ya que se interpretó como un intento de acusar a las víctimas. 
   Hannah Arendt produjo algunas de las obras más interesantes del siglo XX en el campo de la Filosofía y la Política; pero esta película logra que nos interesemos también por su personalidad.

 

Referencias:
Hannah Arendt: Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal. Barcelona: Lumen, 1999.
Alois Prinz: La filosofía como profesión o el amor al mundo. La vida de Hannah Arendt. Barcelona: Herder, 2001.
Elzbieta Ettinger: Hannah Arendt y Martin Heidegger: Barcelona: Tusquets, 1996.

martes, 6 de agosto de 2013

Amistad de estrellas

Eramos amigos, y nos hemos vuelto extraños. Pero es bien que así sea, y no queremos callar ni escondernos cual si tuviéramos de qué avergonzarnos. Somos dos navíos, cada uno de los cuales tiene ruta y rumbo diferente; podemos tal vez cruzarnos y celebrar juntos una fiesta como ya lo hicimos. Estaban los navíos tan tranquilos en el mismo puerto, bañados por el mismo sol, que cualquiera creería que habían llegado a su destino y que tenían un destino común. Mas luego la fuerza omnipotente de nuestra misión nos separó, empujándonos por mares distintos, bajo otros rayos de sol, y acaso no volveremos a encontrarnos o quizás sí; pero no nos conoceremos, porque nos habrán transformado otros mares y otros soles. Una ley superior a nosotros quiso que fuésemos extraños el uno al otro, y por eso nos debemos respeto y por eso quedará más santificado todavía el recuerdo de nuestra amistad pasada. Existe probablemente una enorme curva invisible, una ruta estelar, donde nuestros senderos y nuestros destinos están inscritos como cortas etapas: elevémonos por cima de este pensamiento. Pero nuestra vida es demasiado corta y nuestra vista sobrado flaca para que podamos ser más que amigos en el sentido de aquella elevada posibilidad. Por eso queremos creer en nuestra amistad de estrellas, aun en el caso de que fuésemos enemigos en la tierra.
Friedrich Nietzsche: La Gaya Ciencia [1882]. Olañeta: Palma de Mallorca, 1984, págs. 145-146 (§ 279)

 [ Traducción modificada, ya que en el original no se especifica el género de los amigos. Con todo, mantenemos la clásica versión de Pedro González Blanco, por su belleza estilística. En este fragmento, Nietzsche se refiere a su amistad con Richard Wagner, de hecho fue recogido en un esbozo de su obra Nietzsche contra Wagner (1889), aunque no lo mantuvo en la redacción definitiva. ]



martes, 9 de julio de 2013

Regen (Joris Ivens, 1929)

BSO de Hanns Eisler

BSO de Ezio Bosso

 BSO de Grey Reverend / The Cinematic Orchestra

REGEN (1929)
dir.: Joris Ivens


Más información 

Éxito social

   El criado me dio el abrigo y el sombrero y, borracho de satisfacción, salí a la calle, donde ya se había hecho de noche. "Una tarde deliciosa", pensé, "con una gente de lo más simpática. Les impresionaron mis comentarios sobre finanzas y filosofía, y cómo se rieron cuando imité el chillido de un cerdo",
   Pero poco después musitaba "Dios, es horrible, me quiero morir".

Logan Pearsall Smith: Todas las trivialidades. Oviedo: Trabe, 2010, pág. 53.

lunes, 24 de junio de 2013

Vivir

Hay en realidad dos clases de vida. Hay la que la gente cree que está viviendo y hay la otra vida. Es esta vida la que causa el problema, la que anhelamos ver [I, 4]

 * * *

La vida es el tiempo que hace. Son las comidas. Los almuerzos en un mantel azul a cuadros sobre el cual hay sal vertida. El olor a tabaco. Queso brie, manzanas amarillas, cuchillos con mango de madera [I, 5]

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La vida desprecia el conocimiento, le obliga a esperar sentado en la antesala, a esperar fuera [I, 7]


* * *

No hay una vida completa. Hay sólo fragmentos. Hemos nacido para no tener nada, para que todo se nos pierda entre los dedos. Y, sin embargo, esta pérdida, este diluvio de encuentros, luchas, sueños... hay que ser irreflexivo, como una tortuga. Hay que ser resuelto, ciego. Pues cualquier cosa que hagamos, incluso que no hagamos, nos impide hacer la cosa opuesta. Los actos demuelen sus alternativas, he aquí la paradoja. La vida, por tanto, consiste en elecciones, cada cual definitiva y de poca trascendencia, como tirar piedras al mar. Hemos tenido hijos, pensó; nunca podremos no tener hijos. Hemos sido mesurados, jamás sabremos lo que es despilfarrar nuestra vida... [I, 7]

[ James Salter: Años luz. Barcelona: El Aleph, 1999 ]

"Estuve leyendo Light Years a lo largo de toda una noche, y sólo cuando alcé los ojos tras la última página me di cuenta de que había empezado a amanecer" (Antonio Muñoz Molina).

martes, 18 de junio de 2013

Buenos-malos y malos-buenos

   El encuentro con su hermana Agathe supone toda una revolución para el hombre sin cualidades. Su primer cambio importante es de orden moral. En los meses anteriores, los que ha dedicado a buscar un sentido para su vida en diversos órdenes, tanto personales como sociales, ha postulado la necesidad de un "secretariado de la precisión" para la dirección del alma, tomando como referente la exactitud matemática a la que ha dedicado su doctorado; pero ahora, tras la muerte de su padre y a raíz de hondas conversaciones con Agathe, comienza a sentir que esa precisión en los asuntos vitales es una utopía tan abstracta y tan falsa como la comunión espiritual a la que aspiran Diotima y Arnheim. La actitud del platónico Arnheim, cuya participación en la Acción Paralela oculta intereses puramente comerciales, revela una bondad como mínimo dudosa, una bondad de mala manera, o una bondad con resultados despreciables; sin embargo, Agathe, que no duda en falsificar el testamento de su padre para perjudicar a su marido, al que piensa abandonar en cuanto pueda, actúa ciertamente mal, como reconoce su hermano, pero con una justificación si no legal al menos vital, dados quienes son uno y otra, y dadas las leyes del momento.
   Al margen de los malos-malos, una especie humana ciertamente escasa, tanto como la de los buenos-buenos, Ulrich cree reconocer dos tipos mayoritarios, el de los "buenos-malos" (buenos de mala manera) y el de los "malos-buenos" (malos de bien). Los primeros viven en un entorno de conceptos gastados y sin vida (como árboles muertos en los que se posan pájaros rellenos de paja, dice Musil); los segundos pueden actuar mal pero aspiran al bien y sienten la vitalidad de los problemas morales
   Es una vez más la contraposición entre una actitud platónica y otra de tipo nietzscheana. La elección ha de establecerse entre una vida protocolaria y ya hecha que intenta enfundar al sujeto en un traje previamente confeccionado, a riesgo de anestesiarlo en el mejor de los casos, o asfixiarlo en el peor; y otra que no oculta sus contradicciones, pero que aspira a la pureza con aquella parte de su ser aún incorrupta.
[ Vid. HsA, II, cap. 18 ] 

sábado, 15 de junio de 2013

Fábula china

Un mandarín pasó años a la orilla de un río pescando con un alfiler recto en lugar de un gancho. Corrió la voz acerca de este extraño comportamiento hasta que llegó a oídos del emperador, que acudió a verlo. ¿Qué pretendía pescar con semejante anzuelo?, le preguntó el emperador. ¿Qué pescaba? La respuesta fue serena: "A vos, mi emperador."

James Salter: Quemar los días. Barcelona: Salamandra, 2010, pág. 293